Para cerrar el capítulo en mi vida con el
Xbox podría decir que nunca antes me había sentido tan extraño. Me queda ahora darle replay a varios juegos que en mi vida pensé que me encantarían. De ahí la extrañeza. Porque veo ahora la consola y veo sus juegos y pienso que me tardé casi 15 años en conseguirme una consola por mi mismo y me da algo de pena. En la época en que el
Atari dominaba yo tenía que estar a merced de lo que mi padre decidiera. Y en esa época, ganó un disco de Michael Jackson y una bicicleta. No sé si la cuestión era no tener dinero o estar más al pendiente de otros asuntos en donde estuviesen involucrados todos los miembros de mi familia, pero la cosa iba más encaminada a “no perder el tiempo” y sí “tratar de divertirte a como pudieras”. Y el gran salto fue en realidad un “gran salto”. El reconocerme como una persona amante de los videojuegos vino apenas hasta hace 4 años. Pensaba que si compraba un playstation 2 me iba a quedar con las ganas de jugar otros juegos; mi fascinación me llevó hasta a comprar un dreamcast, del que nunca tendré reproche. Y ahora que todo se puede venir abajo en cuestiones económicas (no me refiero a lo político sino a mi mismo), la idea de entretenerme más horas con nuevas consolas la veo muy borrosa. Así que voy a comentar lo que me quedó muy claro en este viaje.
a) Yo no sabía que podías llevarte grandes sustos.
Silent Hill 2 y Silent Hill 4 eran como exámenes finales difíciles de pasar. Recuerdo haber estado muy poco tiempo jugando en sesiones con hambre y sueño y con la luz encendida tratando de abrir puertas, buscando balas donde sabías que no iba a haber, y encontrándome con bestias inexplicables que fácilmente podían oler tus pasos.
Half Life 2 tenía lo mismo. Sobresaltos y una fina ráfaga de tensión que nunca se me quitaba. Desde mover láminas para no pararte en las dunas, hasta correr entre pasillos con paredes que se mueven con voluntad propia. Los zombies, que tienen una especie de escarabajo en la cabeza eran atroces. En foros leía que Ravenholm era el nivel más divertido pero a mi no me lo pareció en lo más mínimo. Te quedas sin balas, te aparecen más de 5 tipos queriendo fiesta en innumerables ocasiones, y salen por vez primera esos tipos descarnados y delgados que corren como gallinas descabezadas haciendo el ruido más horrendo del juego. Vaya, que las pesadillas estaban a la orden del día.
b) Hay adrenalina en el término más ambiguo. Desde
Burnout Takedown hasta
Def Jam Fight for New York. El primero era supuestamente un experimento para mí porque detesto y seguiré detestando la cultura del hot rod, la fórmula 1 y hasta las carreras Nascar. Supongo que me movía bastante el sentido salvaje que tenía empujar al adversario fuera de la carretera. Las cosas se ponían para mi bastante sangrientas sin ver siquiera una gota en el juego. Del segundo decir solamente que el crossover rapero con botella de vidrio peleando en las calles era una razón suficiente para jugarlo, en historia, más de 5 veces. Mis jugadores siempre tuvieron nombres muy chispas (literalmente, a uno le puse Chispita) y procuré que ningún jugador quedara bloqueado. Me rompieron el hocico más de cuarenta veces y el asesino más hijo de su putísima madre es uno llamado Tek. Si llegan a él, peleen sabiendo que van a perder unas 10 veces.
c)
Halo fue el mejor, sin duda. La emoción que sentí la primera vez que lo jugué en casa de Pedro fue increíble. Sólo conocía un shooter y ese era el Doom. El Doom de SuperNintendo. Así que cualquiera que vaya a tener la oportunidad de jugarlo en alguna etapa de su vida, cualquiera que sea, sabrá que el juego empieza justo después de The Pillar of Autumn. Estarán apenas en una introducción donde no van a ver la magnitud de todo el espectáculo. Dios, aún recuerdo que se me hacía imposible. Hay un nivel, lo recuerdo muy bien, el penúltimo, creo, donde tenías que rescatar al capitán de la nave. Era algo aparentemente simple: hay un radar y es imposible que te puedas perder y tal. Pero la carnicería es como una lluvia. Justo minutos antes del final sientes que no puedes más. Para cuando coges tu
banshee, sientes como si hubieras librado la batalla final. Divino.
d) Fui un idiota para sentir el sonido. Y esa fue una de las cosas que más me tiraron abajo: nunca jugar con un buen equipo surround. Siempre argumentaba que yo no era ingeniero y que el juego se gozaba a como se pudiera, etc. Pero la verdad es que mi pereza no conoce límites. Dinero no siempre tuve, pero el no poder organizarme bien siempre me orilló a dejar de lado este punto. Nada me hubiera costado salir a comprarme un buen home theater y acomodarlo estratégicamente y gozar de su poder.
Stubbs The Zombie hubiese sido un juego para tenerlo a un volumen absurdo.
La saga de Splinter Cell me hubiera parado los vellos del cuerpo. Jugar con tu propio soundtrack en los juegos de
Tony Hawk (el único juego que sentí aprovechaba bien la idea de un soundtrack propio) hubiera estado increíble. Pero siempre, por x o y razón, las cosas siempre se me partían a la mitad. Y ninguna de esas dos mitades estaba destinada a los videojuegos. Una pena.
e) La constante violencia vs blue skies. O la pelea sin fin. A mi me pudo mucho encontrarme con
Vice City y sentirme atraído por Beyond Good and Evil. Juegos completamente diferentes. Ahora podré defenderlos a los dos con la misma pasión, pero la escisión es ya casi malsana. Es como para tentar a cualquiera a escribir muchos posts acerca de esto. Pero no es tan fácil como decir: Vice City es para adultos;
Sonic Heroes es para niños; no, claro que no. La sublimación de la violencia igual no tiene nada que ver con esto. Vice City fue de mis favoritos junto con
Manhunt no porque pudieras ver cómo se desparraman los sesos, o con qué fuerza es atropellada la gente sin previo aviso, sino más bien por la situación tan incómoda, desde el ángulo en que lo vieras, al que el juego te sometía. Hay dentro de su estructura algo que siempre me llamó la atención. Manhunt era un juego muy vil pero era una batalla interna, que siempre la hacía mía por sentirme rodeado de losers con músculos, y observado por un ojo que bien me podía aplastar en cualquier momento si así lo quisiera; Vice City, sin embargo, era más bien como una película contracultural, nada más. Sin sesos, y en realidad sin vicio, nada delator. No cómo te lo pintan en los noticierons. Vice City me convencía porque en realidad me sentía transportado a un momento que sólo vi en mi infancia como un parpadeo.
f) Por último, quítale el control a ese compa. Porque me va a ganar. Como competidor, como lo que fuera, me va a ganar. Me ganaba. Nunca fui bueno para retar o ser retado. Mi ambición por poder me llevó a conseguir
Soul Calibur para quedar como un payaso tirado ensangrentado y hasta con frío. Dos juegos de
Mortal Kombat eran los favoritos de mis hermanas porque me ganaban. Solamente en modo historia podía ser un Mohamed Alí, y fue creo solamente en
Dead or Alive 3. Lo acabé con todos los personajes y me convencí de que no era lo mío, pero me divertía. Si alguien llegaba y cogía el otro control y me ponía una madriza salvaje, yo me cruzaba de hombros y me ponía como niño de 5 años. Básquetbol, Soccer, Americano, todas eran como fichas para un album que no podía coleccionar. Creo que mi única medalla fue ganarle a mi sobrino (qué patético) en un minijuego del
Super Monkeyball Deluxe.
El Playstation tiene un capítulo también aparte que luego relataré. Por ahora, como me conocen, esto ya es muy largo. Y ya me cansé.